
Desde hace bastantes semanas había una fecha señalada en mi calendario: 11 de julio. Y no se me quitaba de la cabeza, hasta estudiando, pensaba en ese día.. 'llegará pronto'. Hasta en mitad de los exámenes de selectividad mi cabeza comenzaba a cantar canciones del Rey para relajarme.
Y, sin darme cuenta, llegó ese día. Al fin, no había que esperar más. El primer concierto de mi vida que recuerdo fue uno de él, y ahora, años más tarde, me dispongo a ver otro. Cuentan que en ese concierto no paré quita, yo solamente tengo escenas fugaces. Pero sí iba a poder recordar todo lo que pasaría en el espectáculo de ese gran sábado 11.
Media hora antes de que empezara el concierto, comencé a pensar en el tiempo que llevo escuchando a Miguel Ríos. Era una pregunta sin respuesta, yo no me acuerdo, crecí con sus canciones a la par que escuchaba las de los 'Pitufos maquineros'. Mi vida siempre estará ligada a Miguel Ríos, y cuando empiece a hacer balance de lo vivido dentro de unos años, estoy segura que la banda sonora de mi vida será una de sus canciones. Y ahora preguntas a las personas de mi edad y si alguna sabe quien es Miguel Ríos, no saben lo que significa ese nombre para la música. Y me da pena, no se dan cuenta de lo bueno que tenemos, de la buena música, de las buenas letras que te hacen pasar por diferentes estados de ánimo. Puede ser que Miguel sea algo mayor, pero la música es eterna, y es un pecado no conocerle.
Del concierto, poco voy a decir. ¿Cómo se puede mostrar tanta vitalidad, tanta energía encima de un escenario? ¿Cómo se puede hacer tanta buena música? Y lo más difícil, ¿cómo una persona se puede mantener tantos años haciendo lo que le gusta llenando siempre el lugar elegido para dar rienda suelta al rock? La respuesta a la última pregunta es sencilla: es Miguel Ríos. Y hoy, a las puertas de cumplir 18 años puede decir segura que he vivido el mejor concierto de mi vida, y solamente podrá ser superado por otro de él. Es imposible que otro cantante, por mucho que me guste, supere a Miguel. Eso es una utopía. A todos les queda mucho por aprender para hacer lo que hace él, y aún así, jamás llegarán a crear la misma magia. Miguel es eterno, es único.
Ahora sé lo que es vivir, puesto que he cantado el 'Bienvenidos' en un concierto, y ya no tengo que imaginar cómo será mientras escuche el 'Rock&Ríos'. He comprendido lo que es la felicidad cantando el 'Himno a la alegría', menudo subidón, menudo fin de concierto. He visto al Rey, al Maestro, darlo todo a la edad a la que muchos pasan el día viendo obras. Si es que es verdad eso que dicen de que los viejos rockeros nunca mueren.
Gracias Miguel!
